
Todos hablamos solos. Aunque nadie nos escuche, hay una voz que nos acompaña a todas partes.
Esa voz interna —hecha de recuerdos, emociones, acentos, dudas y certezas— viaja con nosotros incluso cuando cambiamos de país, de idioma o de vida.
En este nuevo episodio de Latino Express, reflexiono sobre la voz que vivimos escuchando sin darnos cuenta, esa que nos aconseja en silencio, que nos exige, que nos recuerda lo que queremos, y que, a veces, se mezcla entre el español que trajimos y el inglés que tuvimos que aprender.
Migrar no solo cambia la dirección donde vivimos.
También cambia el volumen, el ritmo y el tono de nuestra voz interior.
Esa voz que antes sonaba como mamá, o como la abuela, o como aquella profesora del colegio, ahora combina sonidos nuevos:
frases en otro idioma, preguntas en inglés, pensamientos que saltan de un idioma al otro sin aviso.
Pero algo hermoso sucede:
lo más profundo —lo que sentimos de verdad— sigue pensando en español.
Las emociones tienen idioma propio.
Con el tiempo, esa voz también madura.
Se vuelve más compasiva, más paciente y, en muchos casos, más honesta.
Nos empieza a decir cosas que antes necesitábamos escuchar de otros:
“estás haciendo lo mejor que puedes”,
“no tienes que correr”,
“estoy orgulloso de ti”.
Este episodio es una invitación a pausar y escuchar.
Porque la voz que llevamos por dentro no necesita permisos ni fronteras.
Es un reflejo de quién somos, quién fuimos y quién estamos aprendiendo a ser.
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